miércoles, 21 de abril de 2010

Enterrado vivo.


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A mi bisabuelo paterno le hicieron una operación que apareció en una revista porque en aquel tiempo fue algo notable. No sé cómo la harían porque entonces no existía la anestesia. Tal vez le darían un poco de alcohol. Hay una novela de Melville, el autor de 'Moby Dick', que sirvió mucho como ballenero y en la marina norteamericana. Él cuenta de una operación a bordo de un velero, en alta mar, por el año 1870 o algo así, en que había que amputar la pierna a un marinero. Entonces se reunió toda la tripulación en la cubierta del barco, sacaron al marinero atado a una tabla, lo emborracharon con ron, y luego se dio la orden de empezar a tocar la banda, de modo que el hombre estaba embrutecido por el alcohol, la música, y además llamaron a sus dos mejores amigos, que se le fueron encima y le dijeron malas palabras y le rompieron la cara a puñetazos. El marinero trataba de defenderse pero no podía por estar atado, y aprovecharon esto para amputarle la pierna. Se supone que igual sufrió bastante. A mí me hicieron muchas operaciones. En la última la anestesia no duró y el médico me dijo que me iba a doler, pero que estuviera quieto porque si no, me quedaría irremediablemente ciego. Yo sentía el dolor, aunque no era muy fuerte. Si una tierrita en el ojo molesta, cómo no va a molestar un bisturí con los ruidos del raspaje. Pero me quedé quieto a pesar de sentir en mi corazón como martillazos, y lo único que pensé fue en no moverme. Ni siquiera reparaba en el resultado: si yo giraba la cabeza, la posibilidad de mi visión había concluido. No, no pensé en Dios. Sólo me preocupé de centrar mi atención en la inmovilidad. Mi madre estaba a mi lado y yo no pensaba en ella, ni en mí, ni en nada. Me decía como un grito: yo no debo moverme.

Volvemos al tema de la importancia del valor físico para Borges. Lo de su bisabuelo me deja flipao, debía ser en el siglo XVII (es broma).

Lo de que te corten una pierna y encima te partan la cara es como para pensarse el enrolarse.

La inmovilidad en la anestesia recuerda a los cuentos de Poe sobre catalépticos. A mí me pasa con frecuencia que cuando viajo muy cansado me quedo dormido en mala postura, y quiero despertar y no puedo. ¿A vosotros os pasa? Cuando la cosa se alarga es horroroso.

Hay una variación sobre los cuentos de enterrados vivos que me encanta: un cuento de Stanislav Lem sobre un hombre que sabe que el alma no existe y se propone construir una. Para ello coge el cerebro de su mujer y lo vuelca en un ordenador hecho con materiales indestructibles, aislado de todo estímulo externo, para que dure eternamente. Bueno, ¿eh?

También me gustó mucho un episodio de Alfred Hitchcock donde le van a hacer la autopsia a un accidentado de automóvil que está totalmente paralizado -menos el dedo meñique-, hasta que descubren que está vivo porque se pone a llorar. Un poco cutre así contado pero genial realizado en cámara subjetiva.

3 comentarios:

  1. Ese cuento de Lem me tuvo obsesionado un buen tiempo, es una maravilla...

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  2. A mi sí me pasa de vez en cuando lo de no poder despertar de un sueño. Me agito bruscamente y así consigo despertarme, pero da un mal rollo que no veas...

    Y también me ha pasado alguna vez que tengo sueños recursivos: un sueño dentro de un sueño dentro de un sueño...

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