viernes, 25 de junio de 2010

Las cárceles


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Las cárceles me parecen abominables. A ciertos hombres, en vez de meterlos en la cárcel hay que matarlos. Ni a mis enemigos les puedo desear las cárceles, pero la muerte sí.

Me llama la atención el uso del plural, "las cárceles" en vez de "la cárcel".

El laberinto es una forma de cárcel. El mundo es una cárcel. La Cábala es el plano del laberinto.

Debajo, algunos ejemplos

La casa de Asterión


Los dos reyes y los dos laberintos.

La escritura del dios.


El milagro secreto.

jueves, 24 de junio de 2010

La Cábala.


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Las diversas y a veces contradictorias doctrinas que llevan el nombre de La Cábala, proceden de un concepto del todo ajeno a nuestra mente occidental: el concepto de un libro sagrado. El curioso "modus operandi" de los cabalistas, está basado en una premisa lógica: la idea de que la Escritura Sagrada es un texto absoluto, y en un texto absoluto nada puede ser obra del azar. Desde luego no hay textos absolutos: en todo caso los textos humanos no lo son. Pero es un texto redactado por una inteligencia infinita. ¿Por qué suponer alguna grieta? Todo tiene que ser fatal. Y de esa fatalidad, los cabalistas - a fuerza de transponer letras, de leer oblicuamente el texto, de modificar letras y de buscar un sentido simbólico a las palabras - dedujeron ese sistema que se llama la Cábala. Creo que ese sistema no es una pieza de museo de la historia de la filosofía. Ese sistema creo que tiene un aplicación. Ese sistema puede servirnos no sólo como curiosidad de la historia filosófica. Puede servirnos para pensar, quizá para comprender - o la palabra es demasiado ambiciosa - para tratar de comprender el universo.

Al igual que Madonna y Philip K Dick, Borges era fan de la Cábala. Bueno, de la cultura judía en general, y de la Cábala en particular. La idea que hubiera un orden en el mundo aunque sea secreto, le era muy cara, y está relacionada con el símbolo del laberinto. En ese sentido, también le gustaba mencionar la máquina lógica de Ramón Llull.

Hoy sabemos que la mera combinatoria no sirve para comprobar la verdad o falsedad de las proposiciones, ya que los sistemas lógicos, a partir de cierto grado de complejidad, son incompletos. No puede existir un texto aboluto ni siquiera para una inteligencia infinita, porque sus significados no se agotan nunca.

lunes, 21 de junio de 2010

Tal vez soñar.




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La idea de que uno va a desaparecer totalmente es agradable, reconfortante. Por lo menos, lo es para mí... Sería horrible seguir siendo y, sobre todo, seguir siendo Borges. Estoy harto de él.

"Seguir siendo Borges". La parte budista/schopenhaueriana parece admitir la posibilidad de que desaparezca la personalidad pero permanezca un cierto principio vital, reabsorbido, reencarnado o transformado.

"Estoy harto de él". El valor frente a la muerte.

Borges no menciona aquí otra posibilidad expresamente contemplada en su cuento 'El Inmortal': Un longevo, con el tiempo, olvidaría quién es, con lo que incluso en ausencia de muerte la personalidad desaparece.

martes, 25 de mayo de 2010

Con un pastor



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En España, y aun aquí, en la Argentina, se puede conversar todavía. A mí me gusta conversar con los "chauffeurs", con los mozos de café... En España yo he estado conversando con un pastor en la sierra de Guadarrama; con un pastor, ¿se imagina? Fui feliz. En Estados Unidos no se puede dialogar ni con un profesor. Yo he estado en una comida y una señora me dijo: "¿Usted es el latinoamericano?", y yo: "No hay latinoamericanos: hay argentinos, colombianos, chilenos; no creo que nadie se sienta latinoamericano: cada uno se siente de su república." "¿Y usted qué enseña?" "Yo enseño literatura argentina". "¿Argentiniana?" "No, señora, argentina; no existe la palabra argentiniana, inventada para que con colombiana y con boliviana." "¡Ah! Qué interesante, sí, de modo que es usted español." "No señora, dejé de ser español en 1810; pero en fin, digamos que sí. Enseño literatura argentina, que es una rama de la literatura castellana..." "Yo soy profesora también." "Y usted qué enseña?" "Yo enseño conversación." Yo pensé que sería conversación en castellano, o en alemán, o en sueco... "No, conversación en inglés. Mis alumnos tienen una media de veinticinco años. Se ha juzgado necesario." Y yo me di cuenta de que tenía razón. La gente dice, por ejemplo "Yeah... Ok...", una serie de sonidos básicos, así; y se acabó. De modo que tienen que enseñarles a conversar.

Borges pasó un tiempo en una universidad de Texas de profesor de literatura, no sé si el encuentro que refiere pertenece a esa época.

La idea del pueblo como guardián de la lengua frente a la decadencia de la vida urbana tiene su origen en el nacionalismo romántico alemán -nacionalismo que impregna toda la conversación-, idea que enlaza a su vez con el buen salvaje de Rousseau

martes, 18 de mayo de 2010

Eres una barroca absurda



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Lo barroco se impone entre el escrito y el lector. Por otro lado, el barroquismo es como un pecado de vanidad: parece como si el escritor barroco estuviera pidiendo que se lo admire. Se siente el arte barroco como un ejercicio de la vanidad, aun en el caso de los más grandes escritores.

En su juventud, Borges militó en el ultraísmo. Luego renegó de las vanguardias, pero durante mucho tiempo Quevedo fue su escritor de referencia, (junto con Carlyle). Quevedo encarnaba el tópico de "Escritor para escritores". Gracián siempre fue objeto de burla. Decía que a Schopenhauer le gustaba porque lo leía traducido y se quedaba más con los juegos conceptuales que con las cacofonías, y ponía de ejemplo la metáfora de Gracián "Estrellas, gallinas de los campos celestiales"."¿Cómo se pueden comparar las estrellas con unas gallinas y pretender ser buen escritor?", decía.

Al principio de la entrevista de la que os hablaba ayer, habla con cierto retintín de "El cielo barroco de Mujica Láinez". El padre de Borges solía reírse de los versos de Fray Luis (uno de los mejores poetas españoles para Borges) "ni del dorado techo/se admira fabricado/del sabio moro,en jaspes sustentado". "Nada más peligroso que esos techos artesonados que luego se le caen a uno encima", decía el padre.

Borges dijo que el barroquismo es la decadencia de un estilo. Es una idea que está en Spengler, formulada de forma extensa en "La Decadencia de Occidente". Las culturas pasan por una serie de etapas de crecimiento, madurez y decadencia. El paso del capitel dórico al corintio sería un síntoma de decadencia de la cultura griega.


Por otro lado Borges fue una gran admirador de Lugones, poeta cercano al modernismo, que también es, tal vez, una forma de barroquismo.

lunes, 17 de mayo de 2010

Soy escritor


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El azar, (tal es el nombre que nuestra inevitable ignorancia da al tejido infinito e incalculable de causas y efectos) ha sido muy generoso conmigo. El azar dice que soy un gran escritor. Agradezco esa curiosa opinión, pero no la comparto. El día de mañana algunos lúcidos la refutarán fácilmente y me tildarán de impostor o de chapucero, o de ambas cosas a la vez.

De la doctrina del enterno retorno de Nietszche y de la teoría de la voluntad de Schopenhauer, Borges toma la idea de que un hombre es todos los hombres y que todo nos pasa a todos. Esa sería la base de su supuesta humildad. Sin embargo, por otro lado, Borges siempre declaró que su destino era ser escritor, y tenía un gran concepto de sí mismo como escritor. En cierta ocasión, ya mayor, pidió que le leyeran un cuento suyo, creo que Ulrica, y a su término declaró: "Soy escritor".

"El día de mañana algunos lúcidos..." Esos lúcidos bien podían ser Bioy y Borges, cuyas conversaciones tantas veces giraban en torno a los supuestos méritos literarios de sus colegas.

Borges utiliza una táctica defensiva. Así como Kafka o Virgilio, que pidieron a los amigos quemar sus manuscritos, o Browning, que en el prólogo de un libro de poemas afirmaba que su libro no valía nada, Borges se borra de la lista de grandes escritores para que nadie pueda acusarle de vanidad y librarse en cierta manera de la responsabilidad de haber escrito su obra. Esto lo sé por el propio Borges.

Aquí os dejo una entrevista
donde le dicen que es el mejor escritor del mundo y responde: "Cómo serán los demás".

domingo, 9 de mayo de 2010

Falsos forofos.


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Recuerdo que una vez conversé con muchachones que estaban ahí, en la Plaza San Martín de Buenos Aires, cantando "Perón, Perón, qué grande sos". Bueno... Yo estaba con una amiga y los dos muchachones se me acercaron, con sus tambores, y nos planteamos: si nos vamos van a pensar que estamos huyendo. Nos quedamos. "¿Es usted el señor Borges?" Y yo siempre he usado: "Y bueno, más o menos", o "a veces", o "nadie sabe"... Entonces me pidieron que les firmara un autógrafo en unas hojas de papel. Les pregunté: "Y dígamne, ¿no son ustedes peronistas?", y me dijeron: "Pero no, señor, ¿qué se ha pensado usted? Nos pagan y tenemos que estar hasta las doce y cuarto tocando el tambor y cantando en la plaza." No recuerdo cuánto les pagaban, era mucho para aquel entonces. Y luego decían eso de "La muchedumbre aclamando al dictador". Era que la GCT buscaba a muchos pobres y les daba unos bombos y les pagaba. Cuando me vine a casa me fijé que seguían cantando exacatamente hasta las doce y cuarto. Y todo era así. Luego los crímenes espantosos que se cometieron: Aramburu que fue secuestrado, que fue torturado, mutilado y luego asesinado.

Aquí volvemos al tema del valor físico, cuestión que obsesionaba a Borges. Relacionado con este tema y con su antiperonismo, solía referir dos anécdotas: su renuncia como director de la Biblioteca Nacional y su enfrentamiento con unos estudiantes que querían interrumpir su clase durante una huelga.

En esta anécdota en concreto, podemos destacar, desde el punto de vista psicológico:

- "Estaba con una amiga". Demostración de valor delante de la chica.
- "Muchachones". Eran grandes.
- "Nos quedamos". Que no parezca que tenemos miedo.
- "Más o menos". Respuesta evasiva disfrazada de broma. Hay miedo.
- "¿No son ustedes peronistas?" Sorpresa por unas prácticas de propaganda bastante comunes. Lo gracioso, y que no contempla Borges, es la posibilidad de que sí que fueran peronistas, y la vez, quisieran un autógrafo de alguien famoso, por el mero hecho de ser famoso.